¿Qué pasaría si cuando llegas a una urna a votar marcaras a
quien no quieres que sea presidente? Entonces quien tuviera menos votos de
castigo sería el vencedor. Yo no sé quién ganaría, pero se quien NO lo haría.
Estamos dispersos México, perseguimos como pueblo un fin en
común, la lucha para que no regrese el autoritarismo y la represión, hemos
comenzado a alzar la voz pero sin una ideología firme y sin unirnos como lo que
somos, y así no iremos ha ningún lado. Debemos entender que no somos azules
peleando contra un tricolor, ni amarillos ni morados ni naranjas, somos
mexicanos unidos antes que militantes, que estudiantes, que jóvenes.
Si sumamos de cualquier encuesta, incluso la de más dudosa
procedencia como la Mitofsky el porcentaje de votantes a favor de Josefina y
Andrés Manuel resultaría presumiblemente mayor al porcentaje de preferencias hacia
Peña Nieto, pero no ponernos de acuerdo perjudica nuestra causa y el gran
problema es que ya no hay tiempo para eso, para ponernos de acuerdo. Sabemos
que es lo que no queremos, pero no sabemos a quien queremos.
Hay que reconocer también que no han sabido ser
suficientemente buenos líderes ni los azules ni los amarillos para demostrar
que son “los buenos”, de ser así ya alguno se habría comido los votos del de
alado y hubiera superado hace tiempo al dinosaurio.
Ni siquiera en la misma guerra han sabido atacar de forma
efectiva, se dejaron seducir por la posibilidad de derrotar al pez gordo,
apostaron a la escalera imperial subestimando a los dos pares que tenía el de
alado que pudieron haber sido igual de efectivos.
Si Josefina o Andrés Manuel realmente amaran más que a
cualquier otra cosa a su patria como se
jactan de hacerlo, de seguir las mismas tendencias para finales de junio
alguno de los dos declinaría a favor del otro para lograr derrocar a Peña
Nieto. Pero tranquilos, no va a pasar, no existe político alguno lo
suficientemente comprometido con su país para ponerlo por encima de sus
intereses y los de su partido. Porque quienes lo intentaron dejaron la política
en el camino al darse cuenta que para ascender hacía falta maquillar la
integridad.
Después de estos dos tercios de campaña y de este desfile de
supuestos continúo con la esperanza de un milagro, disfrazado de estudiantes, de
internet, de lo que se les dé la gana a los ancestros, pero un milagro, uno
útil.
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