martes, 29 de mayo de 2012

Rebeldes con causa a medias.


¿Qué pasaría si cuando llegas a una urna a votar marcaras a quien no quieres que sea presidente? Entonces quien tuviera menos votos de castigo sería el vencedor. Yo no sé quién ganaría, pero se quien NO lo haría.
Estamos dispersos México, perseguimos como pueblo un fin en común, la lucha para que no regrese el autoritarismo y la represión, hemos comenzado a alzar la voz pero sin una ideología firme y sin unirnos como lo que somos, y así no iremos ha ningún lado. Debemos entender que no somos azules peleando contra un tricolor, ni amarillos ni morados ni naranjas, somos mexicanos unidos antes que militantes, que estudiantes, que jóvenes.
Si sumamos de cualquier encuesta, incluso la de más dudosa procedencia como la Mitofsky el porcentaje de votantes a favor de Josefina y Andrés Manuel resultaría presumiblemente mayor al porcentaje de preferencias hacia Peña Nieto, pero no ponernos de acuerdo perjudica nuestra causa y el gran problema es que ya no hay tiempo para eso, para ponernos de acuerdo. Sabemos que es lo que no queremos, pero no sabemos a quien queremos.
Hay que reconocer también que no han sabido ser suficientemente buenos líderes ni los azules ni los amarillos para demostrar que son “los buenos”, de ser así ya alguno se habría comido los votos del de alado y hubiera superado hace tiempo al dinosaurio.
Ni siquiera en la misma guerra han sabido atacar de forma efectiva, se dejaron seducir por la posibilidad de derrotar al pez gordo, apostaron a la escalera imperial subestimando a los dos pares que tenía el de alado que pudieron haber sido igual de efectivos.
Si Josefina o Andrés Manuel realmente amaran más que a cualquier otra cosa a su patria como se  jactan de hacerlo, de seguir las mismas tendencias para finales de junio alguno de los dos declinaría a favor del otro para lograr derrocar a Peña Nieto. Pero tranquilos, no va a pasar, no existe político alguno lo suficientemente comprometido con su país para ponerlo por encima de sus intereses y los de su partido. Porque quienes lo intentaron dejaron la política en el camino al darse cuenta que para ascender hacía falta maquillar la integridad.
Después de estos dos tercios de campaña y de este desfile de supuestos continúo con la esperanza de un milagro, disfrazado de estudiantes, de internet, de lo que se les dé la gana a los ancestros, pero un milagro, uno útil.

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