martes, 5 de junio de 2012

Santa democracia.


 Por Estefanía Berlanga.

Busco y sigo buscando en un tinte que se va convirtiendo poco a poco en el de la desesperación una decisión concreta de por quién votar, pero me está resultando una labor titánica y ninguno de los candidatos hace algo para ponérmela más fácil y eso se los reprocho enérgicamente. No espero un cambio de 180° en el país, creo que aunque son tiempos difíciles México tiene muchísimas cosas buenas con las que hay que continuar, otras que debieron ser erradicadas hace tiempo y otras que necesitan modificarse.

Estas elecciones pueden resultar un buen aprendizaje de que si seguimos esperando sentados a un superhéroe veremos los años pasar en vano.

Sin embargo, cual hipnotismo, hay quienes siguen apostando todo por un candidato, creyendo ciegamente en un hombre o una mujer de los que no conocen más que su imagen, sus principios de dudosa procedencia o ideologías que cambian en cada contienda que enfrentan.

AMLO por ejemplo, cambió radicalmente de ideología partidista al fundar al PRD luego de ser enérgico miembro del PRI.

Josefina ha delegado varios puestos que ha tenido que cambiar en su corta carrera política que es de preocuparse la sospecha de que no tiene suficiente autoridad en sus designaciones y que quizás sea otra persona quien mueve sus piezas aunque ella termina siendo la que paga los platos rotos.

Peña Nieto en cambio ha seguido desde sus inicios una misma línea partidista e ideológica, pero no por ser constante significa que estás en lo correcto, si acaso eso te haría medianamente congruente, lo mínimo que se espera de un bien educado por un grupo como el de Atlacomulco.

Hoy en día no hay un candidato en el cual se pueda depositar toda la confianza,  ninguno tiene la espalda tan ancha como para recargarle nuestra patria y mucho menos nuestra esperanza.

Cuando dejemos de gastar nuestra energía, nuestro ingenio y sobre todo nuestro tiempo alabando a algún político y criticando destructivamente a otro menos afortunado e invirtamos dichos recursos en algo útil, entonces quizás, las cosas como las conocemos comiencen a mejorar.

En fin, mi voto, termine siendo por quien termine siendo, representa mucho más de lo que realmente es, representa mi derecho a contribuir en un forzoso cambio, a creer que dicho cambio traerá consigo más cosas buenas que malas, a entender que hay quienes quieren mucho de lo que yo quiero y que hay otros que desean todo lo opuesto y no por eso están bien o yo lo estoy, también es una herramienta con la que se te restriega que eres solo uno más, que no importan tus conocimientos previos y toda la reflexión que hay detrás de tu visita a la urna, porque a fin de cuentas solo eres un voto, vale lo mismo que el de alguien que no sabe leer y que vota sin saber porque o por quien, de esos lamentables casos en los que se lucra electoralmente con la ignorancia. Pero también, el ejercicio electoral te dice que tu voto vale lo mismo que el de una persona poderosa, con dinero, con influencias. Así funciona la democracia, el único día en el que pareciera que todos somos iguales. Lástima que solo sucede una vez al año y que antes y después de ese día la realidad es totalmente distinta.

 Votar es una forma de hacerte responsable de todos los males de la patria por contribuir a que ganara el villano o lamentarte al votar por el héroe sin corona, o decepcionarte aún más si ese héroe tiene la corona y luego se vuelve un tirano, siempre pasa, porque si ves a un héroe en un candidato es porque aún no entiendes que un solo hombre o un solo partido no mejorará al país o porque son tus primeras elecciones y aún no has sido decepcionado, en fin, todo lo anterior es el precio de ese famoso "voto razonado" por el que los ciudadanos que nos jactamos de responsable nos informamos. Bendita democracia queridos lectores, se luchó y se sufrió tan ciegamente por tenerla hace cien años que cuando se conquistó no se supo que hacer con ella, pero sin importar si la entendemos o la queremos, en julio estará a la vuelta de la esquina, los invito a aprovecharla. Hasta la próxima.

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