Con toda posibilidad de raciocinio he intentado creer que
Josefina sigue en la contienda, para evitar que mi mente sufra una lucha
interna, pero he fracasado en el intento.
La realidad es que Josefina dejó hace tiempo de ser una
candidata con posibilidades reales, las campañas le vinieron para mal y la
posibilidad de un as bajo sus mangas se reduce a un anhelo.
Mi última gota de esperanza pinista (por Pina y por Los
Pinos) sucedió el día del debate, pero todo lo bueno que pudo tener esa noche se
vió manchado gracias a su partido, que continuó con los spots y los discursos
agresivos hacia el PRI y el PRD, el país está lo suficientemente fragmentado
para querer dividirlo más. Si Josefina hubiera hecho relucir su participación
firme, segura y hasta feminista por encima de sus ataques entonces quizás las
encuestas hubieran reflejado algo que hoy fue solo la esperanza fallida de un
repunte en los sondeos.
Mi mente se niega a la posibilidad de un voto táctico, debo
admitir que para mí sería muy difícil tener que elegir entre votar por Peña
Nieto o AMLO, porque simplemente no creo que ninguno de los dos merezca mi
“virginidad electoral”.
Debí reconocer desde un principio que enarbolar la causa del
menos peor nunca te lleva a ningún lado y que apasionarte con un candidato solo
debes hacerlo justo cuando haces eso, apasionarte, con su proyecto. En caso de
presentarse ese escenario de nuevo optaré por mi derecho de permanecer callada,
no porque todo lo que diga puede ser usado en mi contra, sino porque desvivirte
por agitar una bandera que no es la tuya es cansado e inútil, a fin de cuentas,
no querrás morir con la causa si esta pereciera ni celebrarás el triunfo en
caso de suceder.
Quizás por eso la política está tan llena de dinero, porque
es la motivación universal de sobrellevar las derrotas y los desaires, no dudo
que haya quienes siguen ahí, fieles a un partido o a un candidato por
convicción y sin intereses personales, pero en mi caso aún no existe un partido
por el que quiera desvivirme.
Sin embargo, mi voto va para Josefina, no porque ame su
causa, pero estos 12 años del PAN no me han decepcionado, Calderón enfrentó una
recesión americana que en manos de cualquier otro hubiera traído repercusiones
impresionantes y a pesar de esto, apenas el día de ayer la bolsa mexicana de
valores cerró de forma positivamente histórica. También enfrentó la influenza
humana de una forma admirable, si bien se convirtió en una pandemia su
estrategia permitió que no lograra los niveles a los que pudo haber llegado, no
fue el virus mortal que se creía, pero pudo haberlo sido y el tomó las medidas
más estrictas ante la incertidumbre.
Y sobre la guerra, muchos pensarán que él está mal y sus
razones tendrán, pero no me adentraré en ese tema tan sensible y me limitaré a
decir que ha sido un hombre valiente y que ha luchado de frente.
No es que Josefina sea Calderón, ya quisiera yo que le
llegara a los talones, pero en su proyecto veo continuación y renovación.
Si la lógica se impone México tendrá un Presidente a quien
yo no habré elegido y quizás deba acostumbrarme, vaya lección me dio la
democracia en mis primeras elecciones, fue contundente al explicarme que las
mayorías no están siempre en lo correcto, que el votar es simplemente un
ejercicio para creer y solamente, que involucrarte más de la cuenta es tan
placentero como doloroso. Por alguna razón me recordó a una sensación similar
en el estómago, cuando en el mundial de futbol del 2010 Javier Aguirre decidió
no mandar de titular al mejor hombre, a Javier Hernández y en su lugar perder a
los pies del Bofo Bautista contra Argentina en octavos de final, y es que ahora
que lo pienso es una situación muy parecida, recuerdo aquel inmenso deseo de
luchar, aunque el resultado fuera el mismo, pero con el mejor de tus
hombres, no importaba perder si era a
costa de ver al Chícharo iniciar el partido y con suerte que metiera un gol, es
la misma sensación de frustración de no poder escoger, de saber que hay por ahí
algo mejor pero que no está en ti que llegue, por más que lo desees.