miércoles, 6 de junio de 2012

Los Méxicos de hoy.


Al final de esta nota, muchos terminarán por tacharme como una mexicana frustrada y quizás tengan razón, se frustró por factores externos el auge de mi adolescencia, la transición hacia la mayoría de edad, mis 16 y 17 años se frustraron porque ninguna de las noches de esos dos años de mi vida pude ir a algún festejo nocturno a causa de la inseguridad que azotó a mi estado desde finales del 2009, me frustré también, al ver como el próspero negocio de compra venta de mis padres se vino abajo por la violencia en las carreteras, y con él la cómoda vida que llevaba se redujo a deudas económicas y mi definitiva independencia financiera, pero no me victimizo, estudio en la universidad privada más cara de México (becada) y trabajo para solventar mis gastos.
Somos un país tremendamente fracturado, la generación que hoy es conformada por nosotros los jóvenes somos de mundos totalmente distintos y mucho tiene que ver con nuestra situación geográfica particular.
Odio la violencia, pero más odio el repudio y la protesta a los muertos que ha arrojado la lucha contra el narcotráfico ¿Qué querían? ¿Combatir granadas y bazucas con flores?
Pero mi mayor descontento es la ironía de saber que los que más se quejan y repudian la violencia y a quienes la combaten encabezados por Calderón, esas son las personas menos calificadas, las menos afectadas, ALGUNOS defeños inconformes e intolerantes que dicen no soportar más la violencia y que culpan al gobierno de ella, les tengo noticias, en Tamaulipas la violencia existe desde mucho antes de Calderón, se agudizó sí, pero no por la lucha militar, la batalla más grande es la interna, la de los cárteles que compiten todo el mercado que Colombia dejó libre, con armas, justo las que se comercializan en Estados Unidos, es culpa de gobernadores corruptos que negociaron el tráfico y de un gobierno federal que los solapó por décadas.
Sí, estamos fragmentados, la provincia existe señores, nosotros producimos la riqueza del país, ustedes, capitalinos, la sobrepoblación.
Nosotros enfrentamos día a día los estragos de una guerra de la que nos sentimos orgullosos de poder combatir, todo daño y pérdida, de vidas, de libertad y de riqueza son compensados cuando el ejército desmantela alguna narcobodega, o libera a un secuestrado, o detiene a esos asquerosos zetas.
Calderón es repudiado entre los que viven pacíficamente e idolatrado por quien debería odiarlo, por el padre que perdió al hijo o por la viuda que se quedó sin esposo, yo creo que al final el lucha por estos dos aunque toda una capital quiera escupirle en la cara, aquellos que menos deben opinar son los que más intervienen en asuntos que quizás no sean ajenos, pero por derecho son íntimamente asuntos del norte.
Es cierto, no todos en el norte apoyan a Calderón,  pero mi atmósfera, la familiar y la social, la de Ciudad Victoria y en gran parte la de Monterrey avalan mi argumento,  solo cuando vez las cosas como son, cuando las vives, comprendes que luchar y matar aunque nos duela es la única triste forma de ganar esta guerra.
No le deseo a nadie vivir en el norte, es simplemente una posición en la que nos toca vivir, pero yo me siento orgullosa de ser de la zona con la carretera más peligrosa del planeta y vivir para contarlo, para defender la causa en su contra, para festejar que hombres corruptos como Yarrington y Eugenio Hernández tengan que enfrentar a la justicia, para poder ver como caen los sicarios de uno en uno, y si me toca morir como un daño colateral, señores, que bendición, sabré que seré una razón más para luchar contra esos canallas.
Y no, no estoy excluyendo al sur, se que también sufren, que luchan, pero juzgar su posición sería incongruente en este texto, porque no sé cómo viven o sobreviven en su propia guerra, ojalá y un día un sureño pueda compartírmelo.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo. Es muy triste, es terrible enfrentarse con la violencia y terminar acostumbrándote a ella. Desde hace un par de años radico en Sinaloa. En ese entonces la vida en Nuevo León era tranquila, por lo que al llegar a Culiacán vi y escuché cosas que me espantaron pero finalmente aprendí a tomar mis precauciones, como lo hace mucha gente. Una vez me dijeron que uno nunca debe acostumbrarse a estas cosas U_U pero uno busca la manera de que el miedo no te consuma, tienes que salir, enfrentarte a la situación, trabajar...

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