sábado, 30 de junio de 2012

Mi voto, por quien y porqué.


Con toda posibilidad de raciocinio he intentado creer que Josefina sigue en la contienda, para evitar que mi mente sufra una lucha interna, pero he fracasado en el intento.
La realidad es que Josefina dejó hace tiempo de ser una candidata con posibilidades reales, las campañas le vinieron para mal y la posibilidad de un as bajo sus mangas se reduce a un anhelo.
Mi última gota de esperanza pinista (por Pina y por Los Pinos) sucedió el día del debate, pero todo lo bueno que pudo tener esa noche se vió manchado gracias a su partido, que continuó con los spots y los discursos agresivos hacia el PRI y el PRD, el país está lo suficientemente fragmentado para querer dividirlo más. Si Josefina hubiera hecho relucir su participación firme, segura y hasta feminista por encima de sus ataques entonces quizás las encuestas hubieran reflejado algo que hoy fue solo la esperanza fallida de un repunte en los sondeos.
Mi mente se niega a la posibilidad de un voto táctico, debo admitir que para mí sería muy difícil tener que elegir entre votar por Peña Nieto o AMLO, porque simplemente no creo que ninguno de los dos merezca mi “virginidad electoral”.
Debí reconocer desde un principio que enarbolar la causa del menos peor nunca te lleva a ningún lado y que apasionarte con un candidato solo debes hacerlo justo cuando haces eso, apasionarte, con su proyecto. En caso de presentarse ese escenario de nuevo optaré por mi derecho de permanecer callada, no porque todo lo que diga puede ser usado en mi contra, sino porque desvivirte por agitar una bandera que no es la tuya es cansado e inútil, a fin de cuentas, no querrás morir con la causa si esta pereciera ni celebrarás el triunfo en caso de suceder.
Quizás por eso la política está tan llena de dinero, porque es la motivación universal de sobrellevar las derrotas y los desaires, no dudo que haya quienes siguen ahí, fieles a un partido o a un candidato por convicción y sin intereses personales, pero en mi caso aún no existe un partido por el que quiera desvivirme.
Sin embargo, mi voto va para Josefina, no porque ame su causa, pero estos 12 años del PAN no me han decepcionado, Calderón enfrentó una recesión americana que en manos de cualquier otro hubiera traído repercusiones impresionantes y a pesar de esto, apenas el día de ayer la bolsa mexicana de valores cerró de forma positivamente histórica. También enfrentó la influenza humana de una forma admirable, si bien se convirtió en una pandemia su estrategia permitió que no lograra los niveles a los que pudo haber llegado, no fue el virus mortal que se creía, pero pudo haberlo sido y el tomó las medidas más estrictas ante la incertidumbre.
Y sobre la guerra, muchos pensarán que él está mal y sus razones tendrán, pero no me adentraré en ese tema tan sensible y me limitaré a decir que ha sido un hombre valiente y que ha luchado de frente.
No es que Josefina sea Calderón, ya quisiera yo que le llegara a los talones, pero en su proyecto veo continuación y renovación.
Si la lógica se impone México tendrá un Presidente a quien yo no habré elegido y quizás deba acostumbrarme, vaya lección me dio la democracia en mis primeras elecciones, fue contundente al explicarme que las mayorías no están siempre en lo correcto, que el votar es simplemente un ejercicio para creer y solamente, que involucrarte más de la cuenta es tan placentero como doloroso. Por alguna razón me recordó a una sensación similar en el estómago, cuando en el mundial de futbol del 2010 Javier Aguirre decidió no mandar de titular al mejor hombre, a Javier Hernández y en su lugar perder a los pies del Bofo Bautista contra Argentina en octavos de final, y es que ahora que lo pienso es una situación muy parecida, recuerdo aquel inmenso deseo de luchar, aunque el resultado fuera el mismo, pero con el mejor de tus hombres,  no importaba perder si era a costa de ver al Chícharo iniciar el partido y con suerte que metiera un gol, es la misma sensación de frustración de no poder escoger, de saber que hay por ahí algo mejor pero que no está en ti que llegue, por más que lo desees.

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